Por un día en el año sostengamos al Niño,
llevemos en los brazos a ese ser tan perfecto que recién ha nacido;
tan puro e inocente, tan simple y tan divino
como este mismo instante en que abrazamos todo
sin temor ni motivo.
Por una hora en el día aceptemos cargarlo,
sintiendo la alegría de acunar a ese ángel con el mayor cuidado.
Así reviviremos lo hermoso que es amarlo
con el amor sagrado con que ama una Madre a su hijo adorado.
Por un instante al menos seamos esa Madre
que se entrega de lleno a realizar la Vida, a cumplir con su parte,
sin pensar en sus miedos, en su ego, en su hambre,
sin pensar en sí misma más que como una puerta
que al amor se le abre.
Por algunos minutos seamos sus niñeros,
olvidando lo poco, por lo que damos todo, lo mucho que tenemos,
sin pensar en nosotros sino en ese Hombre Nuevo
que tan sólo descansa cuando se halla en los brazos
del Amor más sincero.
¡Desde hoy y para siempre seamos ese Niño
que es feliz en los brazos de la naturaleza en la que es concebido,
que se entrega y descansa sin pensar en vivienda, alimento o vestido,
seguro de que siempre tiene lo necesario para vivir dichoso,
consciente de sí mismo!
¡Sin más preocupaciones, vivamos cada instante agradecidos
como el ave del campo, como el sol, como el lirio,
como el hombre que sabe que el Ser no está en los templos,
ni en creencias, ni en libros.
Como el hombre que entiende que AMAR es el Camino
para realizar siempre que Dios es en nosotros,
en este mismo mundo y en este mismo instante:
ESE RECIÉN NACIDO !!!
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