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miércoles, 11 de abril de 2012

Sacrificar al Yo (2da parte-final)


«Un hombre llamó a la puerta de la amada. 
Una voz preguntó: "¿Quién es?" "Soy yo", respondió él. 
Y la voz dijo: "Aquí no hay sitio suficiente para mí y para ti" 
Y la puerta siguió cerrada. 
Al cabo de un año de soledad y añoranza, 
el hombre volvió a llamar a la puerta. 
Una voz preguntó desde dentro: "¿Quién es?" 
"Eres tú", respondió el hombre. 
Y la puerta se abrió.»

Mientras nuestro Yo luche por la vida eterna, 
seguiremos fracasando... 

Ya Jesús advirtió:
«El que quiera conservar la vida la perderá.»

Por lo tanto, todas las escuelas iniciáticas 
enseñan desde tiempo inmemorial
el camino opuesto: 
sacrificar la forma
para recibir el contenido
o, en otras palabras: 
el Yo debe morir
para que podamos volver a nacer
en el Ser. 

Desde luego el Ser no es mi ser, sino el Ser. 

Es el punto central que está en todo. 

El Ser no posee un ser diferenciado,
puesto que abarca todo lo que es. 

Y por fin aquí huelga la pregunta:
«¿Yo o los otros?» 

El ser no reconoce a otro,
porque es todo uno. 

Este objetivo, naturalmente,
resulta peligroso para el Ego
y poco atractivo. 

Por ello no debemos admirarnos que el Ego 
haga todo lo que puede
por cambiar este objetivo 
de la unión con el todo 
por el objetivo de un Ego grande,
 fuerte, sabio e iluminado. 

La mayoría de los peregrinos, 
tanto los que siguen el camino esotérico
como los que eligen el religioso,
 fracasan
porque tratan de alcanzar con su Yo 
el objetivo de la salvación
o la iluminación. 

Muy pocos son los que comprenden que su Yo, 
con el que aún se identifican,
nunca puede ser iluminado ni redimido.
El objetivo supremo exige siempre Sacrificio del Yo, 
la muerte del ego. 

Nosotros no podemos redimir nuestro Yo, 
sólo podemos desprendernos de él
y entonces estamos salvados. 

El miedo que en este momento suele sentirse
a no ser en adelante,
 sólo confirma lo mucho
que nos identificamos
con nuestro Yo 
y lo poco que sabemos
de nuestro Ser. 


Y precisamente aquí está la posibilidad de solución
de nuestro problema ... 

Cuando al fin,
lenta y gradualmente, 
aprendemos a cuestionarnos
nuestra obsesión por el Yo 
y nuestro afán de diferenciarnos, 
y nos decidimos a abrirnos, 
empezamos a vivir
como parte del todo 
y también a asumir
responsabilidad por el todo. 

Entonces comprendemos
que el bien del todo y nuestro bien
son el mismo 
porque nosotros somos uno con todo
(pars pro toto). 
...
«Microcosmos = Macrocosmos»,
nos enseña la filosofía hermética.

El vicio mental reside en la diferenciación entre Yo y Tú. 

Así se crea la ilusión
de que uno puede sobrevivir como Yo 
sacrificando al Tú
y utilizándolo como suelo nutricio. 

En realidad, la suerte del Yo y del Tú, 
de la Parte y el Todo, 
no puede separarse. 

 Los seres humanos creen en un Exterior...
¡Esta creencia es mortal!

El remedio se llama amor. 


El amor cura
porque suprime las barreras 
y deja entrar al otro
para formar la unidad. 

El que ama no coloca su Yo en primer lugar 
sino que experimenta
una unidad mayor. 

El que ama siente al amado
como si fuera él mismo. 


LA  ENFERMEDAD  COMO  CAMINO
THORWALD  DETHLEFSEN y RÜDIGER  DAHLKE


"Realizar al Maestro" 

Maestro es una etapa, 
una etapa preciosa 
en la que el hombre alcanza 
a ser en unidad. 


Es esa en la que 
amando sobre todas las cosas, 
su alma se libera, 
se abre a los cuatro vientos 
y expande su verdad. 

Maestro es cuando un Hijo 
logra hacer efectiva 
esa Esencia Divina 
que le otorgara el ser. 


Es cuando al fin reintegra
las gracias recibidas 
al darles un sentido, 
sembrándolas en todo, 
dejándolas nacer. 

Maestro es cuando a punto 
de hallarse liberado 
debe entregar sus frutos 
para esparcir su bien. 


Después de ser semilla, 
sembrador y sembrado, 
brotando entre la gente, 
alimentando al mundo...
¡Realizando su ser! 

Maestro es cuando nada 
se interpone ante el alma 
porque al fin ha logrado 
transformar su egoísmo... 

Y entonces se hace carne
la más grande enseñanza 
y ya nada le impide;

¡Amar a sus hermanos 
como se ama a sí mismo!

-Willy-


Un Maestro se postula por el conocimiento... 

¡Pero sólo se realiza a través del Amor! 



lunes, 9 de abril de 2012

Sacrificar al Yo (1ra parte)


Cuanto más se aísla un ego 
más pierde la conciencia del todo,
del que él
sólo es una parte. 

El ego concibe la ilusión
de poder hacer algo «por sí solo». 

Pero el verdadero aislamiento
del resto del universo
no existe. 

Es algo que sólo puede imaginar nuestro Yo. 

En la medida en que el Yo se aísla, 
el ser humano pierde la «religión», 
la trabazón con el principio del Ser.

 Después el Ego trata de satisfacer sus necesidades 
y nos traza el camino a seguir. 

Al Yo le resulta grato
todo aquello que favorece la separación, 
que sirve a la diferenciación,
 porque con cada acentuación de los límites 
se percibe más claramente a sí mismo. 


El Ego sólo tiene miedo de la unión con el todo, 
porque eso
presupone su muerte. 

El Ego defiende su existencia con ahínco, 
con inteligencia y buenos argumentos, 
utilizando las teorías más sacrosantas 
y los propósitos más nobles, 
cualquier cosa
con tal de sobrevivir.
Y así se crean objetivos que no son tales objetivos. 

El progreso como objetivo es absurdo,
ya que no tiene punto final. 

Un objetivo auténtico sólo puede consistir 
en una transformación del estado anterior, 
pero no en la simple continuación de algo
que ya existe. 

Nosotros, los humanos,
estamos en la polaridad, 
¿de qué nos sirve un objetivo que sólo sea polar? 

Ahora bien, si el objetivo es la «unidad»,
 ello significa una cualidad del Ser 
totalmente diferente
de la que experimentamos en la polaridad. 

Al individuo que está en la cárcel 
no se le motiva proponiéndole otra cárcel, 
aunque ésta sea un poco más cómoda; 
pero la libertad
es un paso cualitativamente
mucho más importante. 


El objetivo de la «unidad» 
sólo puede alcanzarse sacrificando el Yo, 
porque mientras haya un Yo habrá un Tú 
y seguiremos en la polaridad. 

Para «renacer en espíritu» 
antes hay que morir 
y esta muerte afecta al Yo. 

Rumi, el místico islámico, 
condensa graciosamente el tema en este cuento:

«Un hombre llamó a la puerta de la amada. 
Una voz preguntó: "¿Quién es?" 
"Soy yo", respondió él. 
Y la voz dijo: 
"Aquí no hay sitio suficiente para mí y para ti" 
Y la puerta siguió cerrada. 
Al cabo de un año de soledad y añoranza, 
el hombre volvió a llamar a la puerta. 
Una voz preguntó desde dentro: "¿Quién es?" 
"Eres tú", respondió el hombre. 
Y la puerta se abrió.»




LA  ENFERMEDAD  COMO  CAMINO
THORWALD  DETHLEFSEN y RÜDIGER  DAHLKE


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