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lunes, 3 de febrero de 2014

El Amor Es Para Darlo


 

¿Qué es el amor y dónde se encuentra?

Buscamos amor y tratamos de conseguir amor y, aún así, 
parece como si nunca tuviéramos suficiente. 
Incluso cuando hemos encontrado el amor, 
se nos escapa cuando pasa el tiempo. 

¿Y si hubiera una fuente de amor que nunca desaparece y está siempre disponible?
¿Y si el amor estuviera tan cerca y tan fácil como el respirar?
¿Y si hemos estado "buscando amor en todos los lugares equivocados" 
y hemos perdido el tiempo realmente?.

El amor es a la vez, más simple, más misterioso y más sutil 
de lo que hemos imaginado que es. 

El amor es simplemente el espacio, 
la abierta atención de nuestra conciencia. 

Y la conciencia es en sí misma, 
la más suave, amable e íntima fuerza en el mundo. 

Toca las cosas sin tener ningún efecto sobre ellas. 
Sostiene toda nuestra experiencia pero no la controla o la retiene. 
Y, más aún, la fuerza para conectar e incluso mezclarse 
con el objeto de nuestra conciencia, 
es inherente a nuestra conciencia.

Esta es, aparentemente, la naturaleza contradictoria de nuestra conciencia, 
la naturaleza de nuestra conciencia completamente abierta y tolerante 
y su apasionada fuerza para mezclarse 
e incluso llegar a ser el objeto de su atención; 
lo que da a la vida, su espiritualidad, 
profundidad y dulzura. 

No hay nada más satisfactorio que este delicioso dilema de estar, 
al mismo tiempo, "aparte de" y "conectado a", 
lo que vemos, oímos o sentimos.


La conciencia es el principio de toda separación. 
Anterior a la conciencia, hay solamente "unidad" o "el ser" 
con nada separado de la "unidad" que pudiera ser experimentada. 

Con el nacimiento de la conciencia, 
hay una sutil distinción de dos cosas: 
aquello que es consciente y el objeto de la conciencia. 

Y, aún más, aquellas dos están todavía conectadas por esta fuerza misteriosa 
que llamamos conciencia o amor.

Este flujo de conciencia y amor que nos conecta a todo lo que experimentamos, 
es la fuente verdadera de satisfacción y alegría. 

En algún grado, todos lo hemos experimentado alguna vez. 
Cada vez que te enamoras de una persona, 
un animal doméstico, pieza de música o un objeto bello, 
has sentido este flujo de la conciencia íntima y conectada. 

Desgraciadamente, hemos sido enseñados a creer que, 
la fuente de este buen sentimiento estaba en el objeto de nuestro afecto. 
Así pues, sufrimos cada vez que perdemos esta fuente aparente. 
Cuando nuestro amante nos deja, nuestro amado animalito se muere, 
el concierto termina u otros se adueñan de la casa de nuestros sueños, 
nos sentimos desprovistos de aquel conectado sentimiento amoroso.


¿Y si nosotros somos la fuente de la conciencia que nos conecta a todo?

¿Y si el amor que hemos estado buscando, 
ha estado siempre aquí mismo, dentro de nuestros corazones?

¿Y si no importa realmente lo que toca nuestra conciencia 
sino solamente aquello que está fluyendo en la conciencia?

Ello simplificaría realmente la búsqueda del amor. 
Cualquier objeto o cualquier experiencia, 
sería un objeto adecuado de nuestro amor.

La dulzura del amor está en el flujo de la conciencia en sí mismo. 
La completa apertura y libertad que podríamos buscar en un amante perfecto, 
está ya aquí en nuestra propia conciencia. 
No tiene que intentar ser aceptada porque la conciencia es, 
por naturaleza abierta y tolerante. 

La conciencia por sí misma, no puede hacer nada, sino tocar. 
La conciencia no puede empujar, tirar de, demandar algo de, 
o limitar la libertad de lo que toca. 

Y, aún así, la conciencia no es un observador frío y distante. 
La conciencia está profundamente e íntimamente conectada 
con el objeto de la conciencia. 

De hecho, la conciencia y el objeto de la conciencia 
son en el fondo la misma cosa.

Esta conexión e intimidad que es natural en la conciencia, 
es satisfactoria y completa, 
sin tener en cuenta el objeto de la conciencia. 

En otras palabras, lo que sea que estés experimentando ahora mismo, 
es tu verdadero amor. 

Cualquier cosa que estés experimentando es una oportunidad 
para también experimentar la profundidad de tu verdadera naturaleza, 
la conciencia abierta y amorosa. 

Tu verdadera naturaleza es el amor verdadero. 
Es el amante perfecto que has estado buscando y, 
no solamente está siempre aquí, 
sino que es lo que tú eres realmente.


Extracto del libro, Vivir desde el Corazón (de Nirmala) 

lunes, 27 de enero de 2014

Vivir en el reino del Amor


Quiero que olvides todo lo que has aprendido en tu vida. 

Este es el principio de un nuevo entendimiento,
de un nuevo sueño. 

El sueño que vives lo que has creado tú. 
Es tu percepción de la realidad
que puedes cambiar en cualquier momento. 

Tienes el poder de crear el infierno y el de crear el cielo. 
¿Por qué no soñar un sueño distinto? 
¿Por qué no utilizar tu mente, 
tu imaginación y tus emociones para soñar el cielo? 

Sólo con utilizar tu imaginación
podrás comprobar que suceden cosas increíbles.

Imagínate que tienes la capacidad de ver
el mundo con otros ojos, siempre que quieras. 

Cada vez que abres los ojos,
ves el mundo que te rodea de una manera diferente. 
Ahora, cierra los ojos, y después, ábrelos y mira.

Lo que verás es amor
que emana de los árboles, del cielo, de la luz. 

Percibirás el amor que emana directamente de todas las cosas, 
incluso de tí mismo y de otros seres humanos. 

Aún cuando estén tristes o enfadados, 
verás que por detrás de sus sentimientos, también envían amor.


 Quiero que utilices tu imaginación 
y la percepción de tus nuevos ojos
para verte a ti mismo viviendo un nuevo sueño, 
una vida en la que no sea necesario
que justifiques tu existencia, 
y en la que seas libre para ser quién realmente eres.

 Imagínate que tienes permiso para ser feliz 
y para disfrutar de verdad de tu vida. 
Imagínate que vives libre de conflictos contigo mismo 
y con los demás.

Imagínate que no tienes miedo de expresar tus sueños. 

Sabes que quieres, cuando lo quieres y qué, no quieres. 
Tienes libertad para cambiar tu vida
y hacer que sea como tu quieras. 

No temes pedir lo que necesitas,
decir que sí o que no a lo que sea o a quien sea.

Imagínate que vives sin miedo a ser juzgado por los demás. 

Ya no te dejas llevar por lo que otras personas
puedan pensar de ti.

Ya no eres responsable de la opinión de nadie. 
No sientes la necesidad de controlar a nadie
y nadie te controla a ti.

 Imagínate que vives sin juzgar a los demás, 
que los perdonas con facilidad 
y te desprendes de todos los juicios que suelen hacer. 

No sientes la necesidad de tener razón
 ni de decirle a nadie que está equivocado. 

Te respetas a ti mismo y a los demás, 
y a cambio, ellos te respetan a ti.


Imagínate que vives sin el miedo de amar
y no ser correspondido. 

Ya no temes que te rechacen
y no sientes la necesidad de que te acepten. 

Puedes decir: "Te quiero", sin sentir vergüenza y sin justificarte. 

Puedes andar por el mundo con el corazón completamente 
abierto y sin el temor de que te puedan herir.

 Imagínate que vives sin miedo a arriesgarte y a explorar la vida. 
No temes perder nada. 
No tienes miedo de estar vivo en el mundo 
y tampoco de morir.
Imagínate que te amas a ti mismo tal como eres. 
Que amas tu cuerpo y tus emociones tal como son. 
Sabes que eres perfecto tal como eres.

La razón por la que te pido que imagines
todas estas cosas es porque...
 ¡¡¡son totalmente posibles!!! 

Puedes vivir en un estado de gracia, de dicha, 
en el sueño del cielo. 

Pero para experimentarlo, 
en primer lugar tienes que entender en qué consiste.

Sólo el amor tiene la capacidad
de proporcionarte éste estado de dicha. 

Es como estar enamorado, flotas entre las nubes. 
Percibes amor vayas donde vayas, 
es del todo posible vivir de éste modo permanentemente. 

Lo es porque otros lo han conseguido,
y no son distintos a ti.

Viven en un estado de dicha porque han cambiado sus acuerdos 
y sueñan un sueño diferente.

Una vez que sientas lo que significa vivir en estado de dicha, 
lo adorarás. 

Sabrás que el cielo en la tierra existe de verdad. 

Una vez que sepas que es posible permanecer en él, 
hacer el esfuerzo para conseguirlo,
sólo dependerá de tí.


 Hace dos mil años, Jesús nos habló del reino de los cielos, 
del reino del amor, 
pero no había casi nadie preparado para oírlo.

 Dijeron: "A qué te refieres?
Mi corazón está vacío, no siento la paz que tú tienes"
 Eso no es necesario, 
sólo imagínate que su mensaje de amor es posible 
y descubrirás que es tuyo.

 El mundo es precioso, es maravilloso. 

La vida resulta muy fácil cuando haces del amor,
tu forma de vida. 

Es posible amar todo el tiempo si uno elige hacerlo. 

Quizás no tengas una razón para amar, 
pero si lo haces, 
verás que te proporciona una gran felicidad. 

El amor en acción sólo genera felicidad. 
El amor te traerá paz interior, 
cambiará tu percepción de todas las cosas.

 Puedes verlo todo con los ojos del amor. 
Puedes ser consciente de que el amor te rodea por todas partes.

 Cuando vives de ésta manera, la bruma de tu mente se disipa, 
el "mitote" desaparece para siempre. 

Esto es lo que los seres humanos hemos buscado durante siglos, 
durante miles de años hemos buscado la felicidad, 
que es el paraíso perdido.

 Los seres humanos nos hemos esforzado mucho por alcanzarla, 
y ésto forma parte de la evolución de la mente, 
éste es el futuro de la humanidad.

Esta forma de vida es posible y está en tus manos. 

Moisés la llamó la Tierra Prometida, 
Buda la llamó el Nirvana, 
Jesús la llamó el Cielo, 
y los toltecas la llaman el Nuevo Sueño.

 Por desgracia,
tu identidad está mezclada con el sueño del planeta. 
Todas tus creencias y tus acuerdos están ahí, 
en la bruma. 

Sientes la presencia del parásito
y crees que eres tú. 

Esto dificulta tu liberación, dejar marchar al parásito, 
y crear un espacio para experimentar el amor. 

Estás vinculado al juez y a la víctima. 
Sufrir hace que te sientas seguro, 
porque es algo que conoces a la perfección.

Pero, en realidad, no hay razón para sufrir.
 La única razón por la que sufres es porque eliges hacerlo.

Si examinas tu vida,
descubrirás muchas excusas para sufrir, 
pero no encontrarás una buena razón para hacerlo.

Lo mismo ocurre con la felicidad, 
la única razón por la que eres feliz
es porque eliges serlo. 

La felicidad, igual que el sufrimiento,
es una elección.

Tal vez no podamos escapar del destino del ser humano, 
pero podemos elegir entre sufrir nuestro destino, 
o disfrutar de él, entre sufrir,
o amar y ser feliz, 
entre vivir en el infierno
o vivir en el cielo.

 Mi elección personal es vivir en el cielo... 
¿Y la tuya?


Don Miguel Ruiz

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